EL
MERCURIO DE LAS AMALGAMAS DENTALES
Autor: D. José Luis Godoy
- La mayoría de las personas tienen o han tenido amalgamas en la boca. Una
amalgama, según la descripción del diccionario, es una aleación de mercurio con
uno o más metales.
- Es muy
curioso el comportamiento humano, pues se realizan grandes campañas de
publicidad para prevenirnos contra la contaminación por metales pesados, y sin
embargo, no dudamos en poner un veneno tan potente como el mercurio en la boca
de nuestros hijos.
- ¿Por qué?
Quizás por el hecho de que los síntomas no se ven en el momento ni en los días
sucesivos, pero estamos poniendo un estrés químico tan fuerte y tan duradero
que el organismo va a perder gran parte de su sistema de defensas en reparar el
daño que produce el mercurio.
- Si
preguntamos a nuestro dentista, nos dirá que no es para tanto y que nadie se ha
muerto por esto. Quizá nos lea el comunicado de la Asociación Canadiense de
Dentistas, que en 1990 intentaba acallar la alarmante preocupación social
diciendo que la ingestión nutricional diaria de hasta 2,44 mg de mercurio es
inocua para los adultos. Sin embargo, este dato ha sido desmentido por los
doctores Lorscheider y Vimi, de la Universidad de Calgary (Canadá) para quienes
este valor es seis veces más alto que el valor umbral con el que aparecen los
síntomas de una intoxicación.
- Además,
estos datos se refieren al mercurio ingerido, no al que respiramos debido a los
vapores del metilmercurio que se producen en la fricción, ni al que va a la
sangre a través de la gingiva o diente.
- En su
calidad de tóxico celular y del plasma, el mercurio posee una gran afinidad con
el grupo de los sulfidrilos de las proteínas, con los cloruros, aminas y
aminoácidos
- Adicionalmente,
con los jugos gástricos puede reaccionar en cloruro de mercurio, lo que causará
una destrucción de las bacterias intestinales, dando como consecuencia una
invasión de hongos, cándidas y otras micosis. De ahí, el gran desarrollo de
estos en la actualidad.
- A menudo digo que no hay que temer
a los marcianos y hormigas atómicas que vengan a destruir nuestra civilización
porque ya están aquí los que se van a encargar de esto y son los
microorganismos.
- Era raro que alguien viniera con
cándidas hace unos años a la consulta; ahora es increíble el numero de
pacientes que se acercan con exceso de este tipo de bichitos, pero no se tienen
en cuenta porque los síntomas no son claros. No siempre es una cándida con
exceso e irritación de moco como lo es cuando está en la zona genital. Cuando
está en el vientre o la garganta los síntomas son a distancia y la mayoría de
las veces no se sospecha de ellas.
- Cuando hay proliferación de
microorganismos, aumenta la hipersensibilidad a los alimentos, con lo que las
alergias cada día nos dan más problemas. De hecho, los alergólogos ya no saben
con qué vacunarnos y se supone que cada año la vacuna es muy superior en numero
y calidad de alérgenos.
- Una alergia, para mí, no es sólo
una intolerancia hacia un alergeno, es una saturación del sistema, éste ya no
puede ni con un poquito más y lo muestra con un síntoma excesivo de defensa. Ya
no puede con más estrés de ningún tipo y lo refleja en la piel, mucosa,
carácter, etc.
- Por supuesto, que hay que trabajar
con los alergenos si quieres cambiar el estado energético de la alergia, pero
si no eliminas gran parte de lo que le está produciendo que no tenga adaptación
a esa persona, olvídate de que se recupere. Esto significa limpiar el
mesénquima, eliminar el estrés producido por cicatrices, focos y campos
interferentes, aislamientos de información físicos y emocionales, y por
supuesto grandes interferencias que están constantemente en interacción con su
cuerpo.
- Las amalgamas de mercurio son una
de esas grandes interferencias. Tan importantes son para mí que antes de
intentar trabajar una alergia, si el paciente no se quita los empastes y los
cambia por una sustancia biocompatible, sé que los resultados no van a ser tan
prometedores como lo serían si siguiera el protocolo de eliminación de
interferencias.
- Para permitir que la
autorregulación del cuerpo se produzca, por lo menos no debemos ponerle trabas
y venenos, y mucho menos dejarlos permanentemente en él.
- En un principio se podría pensar
con razonamientos simplistas que una vez puesta la amalgama, el cuerpo absorbe
la primera capa de mercurio, que es ínfima y ya está. Pero no es así y muchos
experimentos y estudios lo han corroborado.
- Till y Teherani pudieron comprobar
que se podían liberar pequeñas cantidades de mercurio de los empastes de
amalgama y acumularse en el cuerpo. Descubrieron una correlación entre la
duración de los empastes y las costumbres del portador de amalgamas, de tal
forma que las personas que ingieren comidas preferentemente calientes o ácidas
se hallan más expuestas.
- Con la acción de masticar chicle
la concentración de vapor de mercurio se puede multiplicar por quince. Esto
también sucede con el cepillado de dientes con pastas de dientes que contengan
fluor, pues los halógenos pueden determinar un aumento de la cantidad de
mercurio que se desprende de los empastes.
- Desde estas líneas mi denuncia a
la maquinaria de producción, que al igual que se sabe que el mercurio es dañino
desde hace años, también se sabe que el flúor es en igual medida peligroso,
pero por lo visto se hizo una publicidad durante unos años y hay que rentabilizarla
aún a costa de que caigamos enfermos.
- Estudios del Dr. Hertman en
Alemania han demostrado que en los niños a los que se les da flúor, el diente
parece sano pero pierde su vitalidad llegando a momificarse.
- Baumasch y Schleicher escribieron
en una revista suiza de medicina integral, que el mercurio, tal como viene
elaborado en los empastes dentales, repercute negativamente sobre el propio
sistema inmunológico del cuerpo. Por ello, el sistema inmunológico sufre un
deterioro funcional y, en concreto, de las defensas ante el desarrollo de
enfermedades y tumores.
Gracias a los test de la
kinesiología podemos ver cómo perdemos adaptación química:
- 1. Realiza
un test muscular, para ello pide a la persona que se lo vaya a hacer que
realice una suave presión contra tu fuerza en uno de sus brazos y comprueba que
esté fuerte ante el estímulo.
- 2.
Pregunta a la persona a la que vas a chequear si tiene amalgamas, empastes de
mercurio y plata. Pon un palito de los que se utilizan para hacer polos, o un
bastoncito de algodón en la boca de la persona y observa si le produce estrés o
cambio en el indicador de la prueba que estés realizando.
3. Si no
tiene estrés al palito o al algodón, roza un poco los empastes, deja otra vez
el palo en la boca y vuelve a chequear.
Observa el
resultado.
- En el 90%, por no decir el 100% de
los casos, la respuesta va a ser un estrés en tu test, esto es, cuando chupaban
el palo o el bastón no tenía estrés, pero en cuanto ha rozado un poco el
mercurio, aunque sea suavemente, al volver a ponerlo encima de la lengua el
resultado es que todo el cuerpo recibe un estrés.
Y ahora, ¿seguiremos poniendo a
nuestros niños mercurio en la boca con la idea de que no hace daño al cuerpo?
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